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PROCESO DECLARATIVO DE PERTENENCIA

En este caso la pertenencia regulada por el artículo 375 del Código General del Proceso en aplicación de lo que consagra en lo siguiente:

“(…)1.  La declaración de pertenencia podrá ser pedida por todo aquel que pretenda haber adquirido el bien por prescripción.”

De igual manera el bien inmueble NO DEBE RECAER: “(…) sobre bienes de uso público, bienes fiscales, bienes fiscales adjudicables o baldíos, cualquier otro tipo de bien imprescriptible o de propiedad de alguna entidad de derecho público. (…)”

Estableciendo el cumplimiento sustancial para presentar esta demanda, es de analizar que en el proceso de pertenencia uno de sus formas de adquirirse es por medio de la prescripción, que quiere decir este lo siguiente:

PRESCRIPCION

Sabido es que la prescripción es un modo de adquirir las cosas ajenas, o de extinguir las acciones o derechos ajenos por haberse poseído las cosas y no haberse ejercido tales acciones y derechos durante cierto lapso de tiempo, y concurriendo los demás requisitos legales. La prescripción adquisitiva es ordinaria o extraordinaria. La prescripción ordinaria exige cinco requisitos, que son:

  • QUE LA COSA SEA PRESCRIPTIBLE;

En primera medida el artículo 2528 del código civil, manifiesto que la prescripción ordinaria, la posesión regular surgirá cuando exista en concordancia con el justo título y esta haya sido adquirida de buena fe.

De igual manera por la Ley 791 de 2002, que estipula el tiempo para que este surja el cual consiste en su artículo 4, que modifica el inciso primero del artículo 2529 del código civil, el cual reza:

“El tiempo necesario a la prescripción ordinaria es de tres (3) años para los muebles y de cinco (5) años para bienes raíces

Por otro lado, la prescripción extraordinaria, según el artículo 2531 del Código Civil, en armonía con el precepto 770 del mismo estatuto, es la senda para adquirir el dominio de las cosas por 10 años para bienes muebles e inmuebles. Difiere de la ordinaria porque el usucapiente no ejercita la posesión regular.  

Previo a comprender que la posesión regular de la cosa por el tiempo que determina la ley es la que se requiere para ganarla por prescripción ordinaria. Tratándose de inmuebles, la posesión la constituye la tenencia de la cosa con ánimo de señor y dueño, acompañada de justo título registrado. Si estas condiciones se reúnen y quien lo invoca hace suya por prescripción ordinaria la cosa que posee, de acuerdo con el artículo citado     

  • QUE HAYA JUSTO TÍTULO;

Para  la existencia de un justo título, por el artículo 765 del Código Civil como aquel constitutivo o traslaticio, siendo este importante para la toma de decisión de pertenencia por prescripción, requiriendo la posesión regular, la cual se emana por el justo título y buena fe, como p.ej. la venta

De no existir dicho título, se entenderá que una posesión irregular por ende se adquiere el dominio por prescripción pero extraordinaria, es decir, que para un bien inmueble a los diez (10) años

Conforme a la Corte Suprema De Justicia sala de casación civil en sentencia de 21 de junio de 2002, expediente 6889, se refirió al tema de la siguiente manera:

“Para efectos de la prescripción ordinaria. Recibe el nombre de justo título traslaticio el que consistiendo en un acto o contrato celebrado con quien tiene actualmente la posesión, seguido de la tradición a que el obliga (inc. 4 del art. 764 Código Civil), da pie para persuadir al adquirente de que la posesión que ejerce en adelante es posesión de propietario. Precisamente por esta condición especial es que la ley muestra aprecio por tal clase de poseedores, distinguiéndolos de los que poseen simple y llanamente; y denominándolos regulares los habilita para que el domino que, en estrictez jurídica no les llego, puedan alcanzarlo mediante una prescripción sucinta, que, para el caso de los inmuebles, es de cinco años.”

Bajo la égida de los artículos 765 y 766 del Código Civil, ha entendido por justo título:

“todo hecho o acto jurídico que, por su naturaleza y por su carácter de verdadero y válido, sería apto para atribuir en abstracto el dominio. Esto último, porque se toma en cuenta el título en sí, con prescindencia de circunstancias ajenas al mismo, que, en concreto, podrían determinar que, a pesar de su calidad de justo, no abrase la adquisición del dominio”

En otras palabras, es justo título aquél que daría lugar a la adquisición del derecho real prescriptible de no mediar el vicio o el defecto por el cual la usucapión está llamada a remediar, entendiéndose como aquel que legalmente baste para transferir el dominio, siendo verdadero y valido.

  • QUE HAYA BUENA FE;

La buena fe, en Colombia se aplica como principio y derecho, para regular “las relaciones entre los particulares, y de éstos con el Estado”

En la institución se distinguen dos categorías, a saber: simple y cualificada.

La simple significa obrar con lealtad, rectitud y honestidad, la cual se presume en todas las conductas desplegadas por las personas naturales y jurídicas según el artículo 83 de la Constitución Política.

La segunda, corresponde si alguien en la adquisición de un derecho comete una equivocación, y creyendo adquirirlo, éste realmente no existe por ser aparente, “por lo que normalmente, tal prerrogativa no resultaría adquirido, pero, si el yerro es de tal naturaleza, que cualquier persona prudente o diligente también lo hubiera cometido, nos encontramos ante la llamada buena fe cualificada o exenta de toda culpa, que permite que la apariencia se vuelva realidad y el derecho se adquiera

En materia posesoria, rige la presunción de “buena fe simple” conforme lo establece el artículo 768 del Código Civil, definiéndola como

“la conciencia de haberse adquirido el dominio de la cosa por medios legítimos, exentos de fraudes y de todo otro vicio.

Así, en los títulos traslaticios de dominio, la buena fe supone la persuasión de haberse recibido la cosa de quien tenía la facultad de enajenarla y de no haber habido fraude ni otro vicio en el acto o contrato”

La buena fe es la creencia en el poseedor de ser propietario de la cosa.  De esa manera, el precepto del art. 778 C.C. concluye que ‘en los títulos traslaticios de dominio, la buena fe supone la persuasión de haberse recibido la cosa de quien tenía la facultad de enajenarla y de no haber habido fraude ni otro vicio en el acto o contrato’.  Entonces, para que un adquirente a non domino sea de buena fe, es necesario que haya creído que su autor era propietario, pues no podría recibir de él un derecho de que no fuese titular. De donde es inevitable concluir que el conocimiento por el poseedor, de los vicios del título de su autor, es excluyente de la buena fe, porque infirma esta creencia’, anotando también que la Corte tiene explicado que ‘por justo título se entiende todo hecho o acto jurídico que, por su naturaleza y por su carácter de verdadero y válido, sería apto para atribuir en abstracto el dominio. Esto último, porque se toma en cuenta el título en sí, con prescindencia de circunstancias ajenas al mismo, que en concreto, podrían determinar que, a pesar de su calidad de justo, no obrase la adquisición del dominio. Si se trata, pues de un título traslaticio, puede decirse que éste es justo cuando al unírsele el modo correspondiente, habría conferido al adquirente el derecho de propiedad, si el título hubiese emanado del verdadero propietario. Tal el caso de la venta de cosa ajena, diputada por el artículo 1871 como justo título que habilitaría para la prescripción ordinaria al comprador que de buena fe entró en la posesión de la cosa

En conclusión, el poseedor de buena fe es quien detenta el bien como un propietario, creyendo recibirlo de su dueño en virtud de un justo título “cuyos vicios ignora”, vale decir, se trata de una convicción formada de que ninguna otra persona, salvo él, tiene derecho sobre el terreno. De ese modo, “la buena fe no es solamente la ignorancia del derecho de otro en la cosa, sino la certidumbre de que se es propietario

  • QUE LA POSESIÓN SEA PUBLICA, PACIFICA E ININTERRUMPIDA, Y

Deliberando que el tiempo en que se tenga la posesión esta sea de carácter continua, sin intermitencias; siendo un atributo que corresponde de carácter integral a todo derecho real, con facultades sobre la propiedad del uso, disfrute y disposición.

Lo anterior, a la omisión de la existencia de violencia física y moral; quiere decir que las facultades, el poder sobre la cosa no se mantenga por la fuerza.

Se entiende de igual manera, que el poseedor por su actuación sobre la cosa, se presume como el propietario, siendo de carácter público, por ello, es necesario reconocer que el requisito que la posesión publica sea lógica, generando un efecto erga omnes; exteriorizando los actos posesorios, que actué conforme lo hace el titular de un derecho.

Arguye el artículo 2522 y siguientes del código civil, las causales por la que surge la interrupción de la posesión que serían:

Cuando sin haber pasado la posesión a otras manos, se ha hecho imposible el ejercicio de actos posesorios, como cuando una heredad ha sido permanentemente inundada.

Cuando se ha perdido la posesión por haber entrado en ella otra persona. La interrupción natural de la primera especie no produce otro efecto que el de descontarse su duración; pero la interrupción natural de la segunda especie hace perder todo el tiempo de la posesión anterior; a menos que se haya recobrado legalmente la posesión, conforme a lo dispuesto en el título De las acciones posesorias, pues en tal caso no se entenderá haber habido interrupción para el desposeído.

La corte constitucional ha postulado que:

“(…) para adquirir por prescripción (…) es (…) suficiente la posesión exclusiva y no interrumpida por el lapso exigido (…) sin efectivo reconocimiento de derecho ajeno y sin violencia o clandestinidad’, posesión que debe ser demostrada sin hesitación de ninguna especie, y por ello ‘desde este punto de vista la exclusividad que a toda posesión caracteriza sube de punto (…); así, debe comportar, sin ningún género de duda, signos evidentes de tal trascendencia que no quede resquicio alguno por donde pueda colarse la ambigüedad o la equivocidad’ (cas. civ. 2 de mayo de 1990 sin publicar, reiterada en cas. civ. 29 de octubre de 2001, Exp. 5800)”.

Por otro lado, Los efectos de la inscripción de la demanda, con relación a la posesión tal cual acaece con el embargo, no pueden tener la virtualidad de interrumpir su ejercicio para efectos de la prescripción adquisitiva de dominio según lo ha adoctrinado esta Corte, hace más de un siglo, al afirmar que “ni aun el embargo interrumpe la prescripción”

extraído de la sentencia dictada el 8 de mayo de 1890, que corre publicada en el número 216 de la Gaceta Judicial, de la cual se reproduce lo siguiente:

“(…) El embargo no interrumpe ni la posesión ni la prescripción, porque la ley no ha reconocido esto como causa de interrupción natural o civil, como puede verse en los artículos 2523 y 2524 del Código Civil, y no habiéndose tratado en las ejecuciones mencionadas de recurso judicial intentado por el que ahora se pretende verdadero dueño de la cosa contra el poseedor, mal puede llamarse eso interrupción civil (…)”.

  • QUE DURE EL TIEMPO DEBIDO.

En concordancia con el numeral 1 de los requisitos que se exigen, es de tener en cuenta, que si se habla de bienes inmuebles se exigirá como tiempo transcurrido para posesión regular el término de cinco (5) años y para la posesión irregular diez (10) años.

ANIMO DE SEÑOR Y DUEÑO

Así las cosas, los elementos que integran la posesión de propiedad implican: a) Una relación de contacto material (corpus) con la cosa, como el cuerpo de la posesión, siendo este un elemento material objetivo; b) que dicha relación sea voluntaria (animus detienedi), es un elemento material más bien subjetivo pues analiza el comportamiento; c) además de esta voluntariedad, debe existir una especial voluntad, ejercerse la propiedad, lo que se traduce en no reconocer a nadie más un derecho superior (animus domini).

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